Muchas veces sucede que conocemos mejor ciudades de otros países que las del nuestro. Con las enormes posibilidades de viajar a un precio razonable que existen desde hace una década, todos hemos dado rienda suelta a nuestros deseos de conocer lugares remotos, olvidándonos completamente de los que nos rodean. La explicación de que los dejaremos para el momento en que nos apetezca algo más tranquilo, o para ese año que nos quedaremos en casa, siempre suena más a autojustificación que a una argumentación bien armada.
En el caso de la cerveza, ya sea por la crisis, o porque los viajeros más activos han entrado en una fase de calma, cada vez me preguntan más sobre posibles rutas por las fábricas de cerveza españolas.
La realidad es que las posibilidades sobre una “ruta cervecera española” son escasas y en casi todos los casos carentes de interés para el público no especializado. Esto mismo podría decirse de la mayoría de los países. No debemos llamarnos a engaños, por mucho que nos guste dotarla de un componente “artesanal” o “tradicional”, para la producción de cerveza hace falta tecnología, y dudo mucho de que todos los visitantes de las fábricas estén interesados en conocer qué clase de calderas se utilizan, el origen de los fermentadores o la capacidad de la embotelladora.
Tengo claro que entre los profesionales o los “aficionados más avanzados” esto no es así y disfrutan inmensamente de esos pequeños detalles, pero quienes me preguntan sobre esta hipotética ruta no se engloban en este grupo.
Acostumbrados a la experiencia que ofrece un recorrido por una fábrica que ha decidido explotar su atractivo turístico, en España se encontrarán que ese mix es prácticamente una quimera.
Es cierto que existen cerveceras que conservan una increíble colección de equipo antiguo, publicidad y documentación. También hay algunas que decidieron mantener sus instalaciones en el emplazamiento original, optando por trasladar su centro de producción a una zona nueva de la fábrica o a otra parte de la ciudad. En otros casos, las calderas originales –con alguna puesta al día- continúan en activo. Las hay que incluso tienen locales propios (o con fuertes vínculos históricos.) en los que probar casi todos sus productos, e incluso hay algunas que potencian las visitas, pero el idílico concepto de tour por una fábrica en activo, en la que se conserva mucho material antiguo, y que finaliza en el bar de la propia cervecería aún está todavía muy verde.
Parece algunos microcerveceros lo empiezan a poner en marcha y quizás sean ellos los único que aseguren que algún día una ruta cervecera española sea posible.
En esta argumentación no hay ninguna crítica a la industria. Las fábricas españolas tienen una producción inimaginable para la mayoría de aquellas, que en otras partes del mundo han hecho un hueco para el turismo.
RUTA HISPANA (1ª Parte)
1 de Enero de 2012CANTERBURY: Actualización guía de locales 1
28 de Agosto de 2011En el número 15 de Bar&Beer publicamos una guía de locales de la ciudad británica de Canterbury. Si vas a utilizarla en un próximo viaje te recomendamos que añadas dos nuevos locales.
La Trappiste (Sun Street, 1 / Abre todos los días de 8:00 a 23:00 H.) Muy céntrico y luminoso, es un magnífico bar/café/restaurante con una concurrida terraza en el que hacer un descanso de Ales lupulizadas de Kent. Su extensa carta de botellas está especializada en cervezas belgas. En los grifos -colgados del techo de la barra- podemos encontrarnos Cristal Alken1, Meantime Stout, Palm, Brugse Wit, Brugse Zot Blonde, Brugse Zot Bruin, Fruli de frambuesa, Chimay Blanca, Mort Subite Kriek, Delirium Tremens y una Pilsner elaborada por la belga Huyghe.
Si van con apetito, su cocina no les decepcionará, predominando los platos tradicionales de pub, puestos al día tanto en elaboración como en presentación, y las tentaciones más dulces.


The Foundry (White Horse Ln / Abre todos los días de 12:00 a 23:00). Abierto en junio de este año, The Foundry es el hogar de la Canterbury Brewery una microcervecería-brewpub a cargo del cual están Jon Mills y Tom Sharkey. Situado justo enfrente al pub Cherry Tree y ocupando un edificio muy bien restaurado, de su coqueto equipo cervecero salen productos como Torpedo, Man’s Gold o Canterbury Wheat, todos ellos cargados de influencias americanas.
Además de las cervezas propias en versión cask, habitualmente se pueden probar marcas de otras microcervecerías y una buena muestra del catálogo de Meantime en keg. No faltan las referencias belgas, alemanas y americanas en botella y una carta de comidas muy adecuadas para acompañarlas -la cocina cierra a las 18:00-. Totalmente imprescindible y una muestra de la nueva efervescente escena cervecera británica.


Sorteo 120 botellas de Infinium
9 de Agosto de 2011
TE INVITAMOS A UNA CERVEZA MUY ESPECIAL
Bar&Beer y Cervebel, te invitan a tomar una botella de Infinium, la cerveza nacida de la colaboración entre Samuel Adams y Weihenstephan, en una cervecería de tu ciudad.
Envía la respuesta a estas tres preguntas a info@bar-beer.com con tu e-mail y tu ciudad y participarás en el sorteo de 120 botellas de esta exclusiva cerveza.
1º ¿Cuál es el nombre del fundador de Samuel Adams?
2º ¿Cuál es el país de origen de Weihenstephan?
3º ¿Dónde tiene su sede Samuel Adams?
La cerveza en la tele
14 de Septiembre de 2010
Aún hoy en día me sigue sorprendiendo el poco material audiovisual que existe sobre las bebidas. Y digo bebidas porque, con la excepción del vino, ninguna de ellas cuanta con demasiadas horas de filmación.
Con la proliferación de canales dedicados a la gastronomía a finales de la década pasada, muchos pensamos que las producciones que analizasen la cerveza, el whisky, el ron, los cócteles o el vodka, se multiplicarían, aproximando en imágenes al espectador estos mundos tan atractivos visualmente.
Desgraciadamente, los canales de cocina se convirtieron exclusivamente en eso: pantallas en las que los únicos protagonistas eran los cocineros. De estos años apenas recuerdo “El viajero sediento”, una serie que en tono demasiado festivo, pero con una factura muy moderna. dedicaba cada episodio a una bebida, a sus productores y a alguna sugerencia gastronómica para acompañarla.
La cerveza, dejando de lado algún especial del Canal Historia, no ha sido ninguna excepción de esta tendencia, y desde que la todavía vigente “The Beer Hunter” no contase con continuidad, ha estado huérfana de un producto televisivo digno de su importancia histórica.
Todas esta introducción viene al caso de la emisión durante unas semanas, en el segundo canal de Televisión Española, de “La Historia de la Cerveza”. “Beer: An Insider’s Guide” en la versión original es un documental de seis episodios de 23 minutos, rodados en 2004 por River Stone Television, que trata de analizar nuestra bebida y que pasó desapercibido.
Si obviamos la pésima traducción de los términos al español, algún que otro invitado mediocre y que tanto ambientación como los guiones estén basados en Australia, nos encontramos con una producción cuya temática valdría perfectamente para una versión global.
Con capítulos como Appreciating Beer, Beer Connoisseur, Beer Mania, Beer and Food, Crafting Beer y Beer Culture, “La historia de la ceveza” ha sido una buena opción para los domingos por la tarde de este verano. Los que se la hayan perdido, hoy en día sobran métodos para recuperarlo.
Lecturas: “Los Maestros Cerveceros”
3 de Septiembre de 2010
Estos días he terminado de releer los cuatro tomos de “Los Maestros Cerveceros” (“Les Maîtres de LÓrge” en la versión original), un comic a cargo del siempre correcto guionista Van Hamme y el dibujante Vallés.
Debo confesar que esta relectura se me hacía necesaria, pero mis obligaciones de comentar media docena de comics al mes (antes que la cerveza fueron las viñetas) me impidieron estos últimos años volver a examinar esta obra publicada por Planeta en 2003. También debo confesar que he disfrutado de lo lindo con la historia. Hay veces que no hay nada mejor que un guionista franco-belga para contar una historia y Van Hamme, como ya me había demostrado en “Largo Winch”, “Thorgal” o “XIII”, es uno de los mejores ejemplos de narración lineal, investigación y artesanía.
A grandes rasgos podríamos decir que el guionista, alejándose de cualquier artificio, nos cuenta la historia de los Steenfort , propietarios de una pequeña cervecera de las Ardenas. Podríamos quedarnos ahí, aprovechando este marco para conocer la convulsa historia europea de los últimos 150 años, pero “Los Maestros Cerveceros” es de esas obras que tiene diversos niveles de lectura.
Los conocedores de nuestra bebida se encontrarán con nombres de personajes y estilos que han marcado la historia de la cerveza (Sedlmayer, Carlsberg, Emil Hansen, Groll, Von Linde, Busch, Hoegaarden,…) mientras que los profanos estarán ante un buen comic con raíces históricas.
Una tercera opción es tratar de averiguar en qué fábricas y momentos reales están basados los diferentes capítulos. Hablando sobre este tema con los colaboradores de Bar&Beer, me he encontrado con diferentes sugerencias sobre el origen de la levadura utilizada en la primera remesa de cerveza producida en la serie o quién es el gigante americano que intenta hacerse con el control de las fábricas europeas.
Como suele suceder en los casos de comics de éxito, “Les Maîtres de LÓrge” no se quedó simplemente en viñetas, sino que fue adaptado a la pequeña pantalla en dos miniseries de tres episodios a cargo del realizador televisivo Jean-Daniel Verhaeghe. Pero como suele suceder, valga la redundancia, la versión en viñetas es infinitamente superior.
Personajes: Garrett Oliver
28 de Agosto de 2010
En mi anterior visita a Brooklyn me quedé con las ganas de conocer a Garrett Oliver, un personaje que está llamado a ocupar un lugar de privilegio en la historia de la cerveza.
Si dejamos a un lado el hecho de que se trata del maestro cervecero negro más conocido, sin duda estamos ante una de las personalidades más interesantes de la industria. Lejos de cualquier altivez, pero con un gran carácter del que ha dado muestra a lo largo de los años, Oliver resultó ser un apasionado de la cerveza. No. Miento: Es un apasionado de cualquier producto gastronómico, que reconoce y defiende con vehemencia el potencial de esta bebida y sus cualidades, muy superiores sobre otras para combinar con la comida.
Autor de esa obra imprescindible que es “The Brewmaster’s Table”, Garrett Oliver trabaja estos días en la ampliación de la Brooklyn Brewery. En la pequeña fábrica del barrio de Williamsburg, rodeado de media docena de gatos tan mullidos como el popular “Monster”, crea joyas como la Local 1, su hermana Local 2 o la sorprendente y única Sorachi Ace, abriendo los camino por los que discurrirán sus colegas en las próximas décadas.
Hace unas semanas, en una entrevista de más de tres horas, a la sombra de toneles de madera, aromáticos lúpulos y elaboraciones de clara influencia belga, Oliver desveló mucho de lo que piensa sobre el sector de la cerveza independiente americana, su historia, presente y futuro. No dejen de leerla en los próximos números de Bar&Beer.
Un italiano haciendo IPA el Reino Unido
23 de Agosto de 2010
En mi último viaje al Reino Unido pude probar en diferentes pubs de la cadena Nicholson’s la Jaipur IPA (5,9% Vol. Alc.), la cerveza más emblemática de la Thornbridge Brewery, una pequeña fábrica muy cercana a la villa de Bakewell, en Derbyshire, en cuya fundación colaboró Martin Dickie, propietario de BrewDog.
Con centenares de Ales por descubrir, casi resulta un delito repetir una cerveza en un viaje de trabajo a las Islas, pero con Jaipur no me quedó más remedio que rendirme a su frescura, sus notas cítricas y su cuerpo ligero de auténtica India Pale Ale inglesa.
Por eso, cuando hace unas semanas leí en la portada del periódico What’s Brewing de CAMRA que Stefano Cossi, maestro cervecero de Thornbridge, había sido designado por el All-Party Parliamentary Beer Group como el mejor cervecero del Reino Unido, no me sorprendió nada.
Aunque el premio “Cervecero del Año” es la acción más mediática del All-Party Parliamentary Beer Group -una organización que actúa para promover el disfrute de la cerveza y los pubs- tiene un gran prestigio en el sector, contando con el apoyo del Instituto de la Cerveza y Destilado del Reino Unido.
Stefano proviene del noreste de Italia, un país con el que tengo que ponerme al día. Por lo menos, tanto como con este blog.
Maridajes: Titan IPA y Hercules Double IPA con pizza tres quesos.
27 de Diciembre de 2009
Todos sabemos que a principios de los noventa, las nuevas generaciones de cerveceros americanos le dieron una sonora bofetada a toda la industria con sus productos. Muchas de esas nuevas cervezas poseían el descaro del que no tiene nada que perder y quiere recuperar el orgullo perdido.
Tras décadas de Lagers suaves, los nuevos cerveceros adoptaron el carácter a lúpulo como la bandera de su joven industria y en muchas zonas del Estados Unidos comenzaron a surgir productores que querían aprovechar al máximo las características de las variedades cultivadas en el valle de Yakima, en Washington.
Por esa época, Colorado todavía no era la meca de la cerveza independiente, pero en Denver y en sus alrededores comenzaba a aparecer un fenómeno que tiene grandes similitudes con el ocurrido en Silicon Valley en el campo de la electrónica.
Gracias a una asociación entre emprendedores y homebrewers que querían entrar en el negocio de la cerveza, la micros comenzaron a surgir, dando lugar al ese fenómeno tan envidiado en todo el mundo.
Great Divide es hija de esa época. Fundada en 1994 por Brian Dunn, cumple todos los requisitos de la micro ideal americana: innovación, pasión, un portafolio extenso (supera las veinte referencias), buena imagen, y sobre todo una querencia especial por el lúpulo.
Ya había probado en Nueva York tanto Titan IPA como Hercules Double IPA. Las dos me habían causado una gran impresión y las notas que tomé en mi libreta en aquel momento se repitieron en la cata que he hecho estos días.
Titan (6,8% Vol. Alc.), bajo los parámetros de una India Pale Ale americana, me parece un producto muy equilibrado. Es cierto que el carácter a lúpulo lo domina casi todo, pero el cuerpo es ajustadísimo y el gusto no satura, permitiendo el consumo de más de una botella. Hercules Double IPA (9,1% Vol. Alc.) es mucho más compleja. Con mucho cuerpo, el maestro cervecero ha contrarrestado el elevadísimo carácter lupulizado (85 unidades de amargor) con una enorme cantidad de malta. El resultado ya se lo pueden imaginar: un cuerpo muy, muy poderoso, en el que las notas a frutos secos se combinan con sequedad, pino, cítricos y ortiga. El final es contundentemente seco y amargo, aunque sin apenas esfuerzo percibimos el dulzor de la malta, recordándonos a algunas Barley Wine del nuevo mundo.
Great Divide sigue los cánones clásicos del maridaje de cervezas muy lupulizadas con comidas especiadas y quesos añejos.
Comparto esa pasión de los cerveceros independientes americanos por el queso (las instalaciones de Great Divide se encuentran en una vieja lechería), pero no tanto por el curry. La hermandad entre lúpulo y comida india sólo me parece posible en su versión más suave.
En esta ocasión decidimos probar Hercules y Titan con pizza de masa de harina de trigo, salsa de tomate, Mozzarella, Emmental y Roquefort. El resultado, en ambos casos nos pareció magnífico. Las notas saladas y picantes que desprende el queso azul francés al ser cocinado encajan a la perfección con el verdor del lúpulo.
Ceveceros muy ricos
13 de Diciembre de 2009
Por mucho que critiquemos los programas del corazón y a esos chacineros que viven de las miserias de los demás, todos tenemos algo de cotilla.
Creo que en esta característica de la personalidad (mucho más que en la envidia) tienen su origen reportajes como el publicado en el Magazine de El Mundo del pasado domingo 6 de diciembre.
En “Los 100 más ricos de España”, el dominical del periódico de Pedro J., repasaba las mayores fortunas españolas con nombre, apellidos y número de ceros en su cuenta corriente.
No sorprendía encontrarse a alguien como Amancio Ortega encabezando la lista. Tampoco podían faltar apellidos como Botín, Koplowitz, Alcocer, Cortina o Lara entre la centena. Valoraciones aparte sobre la respetabilidad del origen de las fortunas, la realidad es que dentro del grupo de poderosos parecía existir una clara separación entre los que habían hecho dinero con la especulación y el ladrillo y los industriales-comerciantes a la vieja usanza.
Entre estos últimos nos encontramos tres nombres que tienen mucho que decir en la historia de la cerveza española. Juan Gervás Sanz y José A. Herráiz-Mahou, con un capital que ronda los 2.000 millones de euros, son los dueños de Mahou-San Miguel pero, según el reportaje, estas dos familias no se limitan a la conversión de cereales en líquido: “La estirpe de los Gervás organiza sus inversiones en las sociedades Gala y la británica IPL International, mientras que los Herráiz-Mahou las canaliza a través de la holandesa Enterprise Resource Planning y Las Tejoneras (…)”.
No muy lejos de Mahou se encuentra Damm, presidida por Demetrio Carceller Arce, que con unos 1.700 millones de euros, también es consejero de Gas Natural y socio mayoritario de la petrolera tinerfeña Disa, a través de la cual tiene inversiones en gasolineras y construcción.
Con estos datos está claro que aquellos que hablan de romanticismo en el mundo de la cerveza deben hacer otra separación: Cerveceros industriales y cerveceros artesanales. Ninguna categoría es mejor que la otra, pero los conceptos son diferentes.
Cervezas: Innovación en Navidad
11 de Diciembre de 2009
Si hace unas semanas os contaba que una de mis referencias cerveceras en Navidad es la Winter Welcome de Samuel Smith, desde hace unos años hay otro producto que le hace compañía, aunque lamentablemente no sea en la barra de mi pub favorito.
La cervecera gallega Hijos de Rivera siempre ha destacado por una creatividad que en muchos aspectos supera a la de sus competidores más grandes (estamos hablando de una fábrica de menos de 1 millón de hectolitros). Ahí está su “cerveza de bodega”, un producto que se envía a cervecerías que la sirven directamente de tanques, o la plantación de lúpulo que visitamos hace unas semanas y que protagoniza un artículo de nuestro próximo número, que sale a la venta hoy.
Desde 2006, ese lúpulo gallego se destina exclusivamente a la producción de la Estrella de Navidad, una cerveza creada para estas fechas modificando ligeramente la receta de la Estrella Galicia de todos los días.
En los primeros años de la existencia de este producto, la gran novedad vino del uso exclusivo de malta de cebada. Aún sin perder el inconfundible perfil de Estrella y su amargor característico (es una de las cervezas más lupulizadas de España), la ausencia de maíz la convertía en una cerveza mucho más centroeuropea.
Desgraciadamente, no conservo notas de cata de la Estrella de Navidad anteriores al uso del lúpulo gallego, pero sí desde entonces, y todos los años he notado ligeras variaciones, algo que, por otra parte, era esperable.
La de este año me ha parecido mucho más ligera y amarga, recordándome más a las mejores Premium Pils alemanas de la región del Rhur que a sus hermanas checas o bávaras. Como habrán intuido, estas propiedades la convierten en una excelente cerveza de aperitivo.
Estas características, aún pendientes de matizar en posteriores catas, no son las únicas variaciones de un producto que continúa comercializándose en packs de seis en cadenas de alimentación. Envasada en una botella con etiquetas adhesivas transparentes numeradas, imitando a los viejos serigrafiados, la gran novedad es su sistema de apertura.
La clásica chapa ha dejado paso al Maxi Crown, un tapón de metal con anilla plástica que abre la botella con mucha facilidad. , sistema que la empresa gallega ha comenzado a utilizar en su agua Cabreiroá.
No tengo dudas de que me gusta Estrella de Navidad. Incluso quizás sea la cerveza más redonda de la fábrica coruñesa. Lo que no tengo tan claro es que me convenza su sistema de apertura.
Pero claro, como dice alguno de mis colegas, en otros tiempos yo pediría la excomunión de los que se aventurasen a dejar el tapón de corcho. La edad lo convierte a uno en un conservador (si antes ya no lo era).
