BAR&BEER#29 EDITORIAL: LÚPULO Y TRAPENSES

07-09-2014_blog1
Podemos decir sin miedo que el interés por el lúpulo ya ha sobrepasado la categoría de “moda” para configurarse como una realidad o, mejor dicho, una forma de interpretar la cerveza, para cientos de fabricantes.
Es uno de los efectos más evidentes de la consolidación de la escena craft beer americana y una muestra más de la enorme influencia que tiene el país de las barras y las estrellas en nuestro día a día.
En los últimos años hemos visto como inamovibles cerveceras alemanas, belgas y británicas incluían productos single-hop en sus portafolios. Incluso hemos visto como algunas grandes fábricas industriales comenzaban a valorar este ingrediente por propiedades que van más allá de su nivel de ácidos alfa.
No es de extrañar. Los nuevos cerveceros ocupan cada vez más espacio en los medios de comunicación y siempre que tienen oportunidad hablan de sabor y, muy especialmente, de lo que aporta el lúpulo.
Aunque todavía representen poco en volúmenes, y quizás nunca sean más que una anécdota en la gran industria, los craft brewers dominan las nuevas formas de comunicación y saben cómo conseguir grandes impactos a un precio ridículo.
Aunque nos sobran los ejemplos, solo hay que mirar hacia Escocia y ver el éxito sin parangón de BrewDog. Un éxito que bebe mucho del saber hacer en el campo de las relaciones públicas de los americanos.
Pocas cervezas han hecho tanto por conseguir despertar el interés de las nuevas generaciones como Punk IPA de BrewDog. Los más críticos la tacharán de comercial, pero de lo que no hay duda es de que ha facilitado la entrada en este mundo a miles de jóvenes que hasta ese momento solo bebían combinados de dudosa calidad o Lagers industriales.
Probablemente sea ahora el momento en que, precisamente esos productores europeos de cervezas dirigidas al gran público, imiten a sus colegas americanos.
Quizás no falte mucho para que veamos a alguna gran marca con una IPA de producción propia en su catálogo o lanzando una línea de cervezas “más atrevidas” salidas de una microcervecería propia.
Algunos verán en ese hipotético lanzamiento un intento de acaparar un mercado en el que poco tienen que decir, pero otros vemos que cualquier acción destinada a promocionar este mundo es positiva. Aún es más, creemos que en el caso del mercado nacional contribuiría a profesionalizarlo.
Algo parecido pensamos del reciente lanzamiento de dos nuevas cervezas Trapenses en un período de menos de dos meses.
Nacimos en una época en la que al hablar del estilo se repetían los nombres de Orval, Chimay, Rochefort, Westmalle, Westvleteren y La Trappe como una letanía, por lo que vivimos con una enorme ilusión el proyecto de Achel -que en este número ocupa un buen número de páginas- y nos alegramos de que las cervezas Trapenses fuesen año tras año ganando reconocimiento y presencia en todo el mundo.
Para una generación las Trapenses fueron la entrada en este apasionante mundo repleto de estilos, recetas y posibilidades de disfrute sensorial. Es por ello por lo que siempre compartirán un hueco junto a IPA’s, Imperial Stouts y Porters en nuestra nevera.

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