Archivo de Diciembre de 2009

Maridajes: Titan IPA y Hercules Double IPA con pizza tres quesos.

Domingo, 27 de Diciembre de 2009

greatdivide_pizza
Todos sabemos que a principios de los noventa, las nuevas generaciones de cerveceros americanos le dieron una sonora bofetada a toda la industria con sus productos. Muchas de esas nuevas cervezas poseían el descaro del que no tiene nada que perder y quiere recuperar el orgullo perdido.
Tras décadas de Lagers suaves, los nuevos cerveceros adoptaron el carácter a lúpulo como la bandera de su joven industria y en muchas zonas del Estados Unidos comenzaron a surgir productores que querían aprovechar al máximo las características de las variedades cultivadas en el valle de Yakima, en Washington.
Por esa época, Colorado todavía no era la meca de la cerveza independiente, pero en Denver y en sus alrededores comenzaba a aparecer un fenómeno que tiene grandes similitudes con el ocurrido en Silicon Valley en el campo de la electrónica.
Gracias a una asociación entre emprendedores y homebrewers que querían entrar en el negocio de la cerveza, la micros comenzaron a surgir, dando lugar al ese fenómeno tan envidiado en todo el mundo.
Great Divide es hija de esa época. Fundada en 1994 por Brian Dunn, cumple todos los requisitos de la micro ideal americana: innovación, pasión, un portafolio extenso (supera las veinte referencias), buena imagen, y sobre todo una querencia especial por el lúpulo.
Ya había probado en Nueva York tanto Titan IPA como Hercules Double IPA. Las dos me habían causado una gran impresión y las notas que tomé en mi libreta en aquel momento se repitieron en la cata que he hecho estos días.
Titan (6,8% Vol. Alc.), bajo los parámetros de una India Pale Ale americana, me parece un producto muy equilibrado. Es cierto que el carácter a lúpulo lo domina casi todo, pero el cuerpo es ajustadísimo y el gusto no satura, permitiendo el consumo de más de una botella. Hercules Double IPA (9,1% Vol. Alc.) es mucho más compleja. Con mucho cuerpo, el maestro cervecero ha contrarrestado el elevadísimo carácter lupulizado (85 unidades de amargor) con una enorme cantidad de malta. El resultado ya se lo pueden imaginar: un cuerpo muy, muy poderoso, en el que las notas a frutos secos se combinan con sequedad, pino, cítricos y ortiga. El final es contundentemente seco y amargo, aunque sin apenas esfuerzo percibimos el dulzor de la malta, recordándonos a algunas Barley Wine del nuevo mundo.
Great Divide sigue los cánones clásicos del maridaje de cervezas muy lupulizadas con comidas especiadas y quesos añejos.
Comparto esa pasión de los cerveceros independientes americanos por el queso (las instalaciones de Great Divide se encuentran en una vieja lechería), pero no tanto por el curry. La hermandad entre lúpulo y comida india sólo me parece posible en su versión más suave.
En esta ocasión decidimos probar Hercules y Titan con pizza de masa de harina de trigo, salsa de tomate, Mozzarella, Emmental y Roquefort. El resultado, en ambos casos nos pareció magnífico. Las notas saladas y picantes que desprende el queso azul francés al ser cocinado encajan a la perfección con el verdor del lúpulo.

Ceveceros muy ricos

Domingo, 13 de Diciembre de 2009

tiogilito1Por mucho que critiquemos los programas del corazón y a esos chacineros que viven de las miserias de los demás, todos tenemos algo de cotilla.
Creo que en esta característica de la personalidad (mucho más que en la envidia) tienen su origen reportajes como el publicado en el Magazine de El Mundo del pasado domingo 6 de diciembre.
En “Los 100 más ricos de España”, el dominical del periódico de Pedro J., repasaba las mayores fortunas españolas con nombre, apellidos y número de ceros en su cuenta corriente.
No sorprendía encontrarse a alguien como Amancio Ortega encabezando la lista. Tampoco podían faltar apellidos como Botín, Koplowitz, Alcocer, Cortina o Lara entre la centena. Valoraciones aparte sobre la respetabilidad del origen de las fortunas, la realidad es que dentro del grupo de poderosos parecía existir una clara separación entre los que habían hecho dinero con la especulación y el ladrillo y los industriales-comerciantes a la vieja usanza.
Entre estos últimos nos encontramos tres nombres que tienen mucho que decir en la historia de la cerveza española. Juan Gervás Sanz y José A. Herráiz-Mahou, con un capital que ronda los 2.000 millones de euros, son los dueños de Mahou-San Miguel pero, según el reportaje, estas dos familias no se limitan a la conversión de cereales en líquido: “La estirpe de los Gervás organiza sus inversiones en las sociedades Gala y la británica IPL International, mientras que los Herráiz-Mahou las canaliza a través de la holandesa Enterprise Resource Planning y Las Tejoneras (…)”.
No muy lejos de Mahou se encuentra Damm, presidida por Demetrio Carceller Arce, que con unos 1.700 millones de euros, también es consejero de Gas Natural y socio mayoritario de la petrolera tinerfeña Disa, a través de la cual tiene inversiones en gasolineras y construcción.
Con estos datos está claro que aquellos que hablan de romanticismo en el mundo de la cerveza deben hacer otra separación: Cerveceros industriales y cerveceros artesanales. Ninguna categoría es mejor que la otra, pero los conceptos son diferentes.

Cervezas: Innovación en Navidad

Viernes, 11 de Diciembre de 2009

estrellanavidad2009Si hace unas semanas os contaba que una de mis referencias cerveceras en Navidad es la Winter Welcome de Samuel Smith, desde hace unos años hay otro producto que le hace compañía, aunque lamentablemente no sea en la barra de mi pub favorito.
La cervecera gallega Hijos de Rivera siempre ha destacado por una creatividad que en muchos aspectos supera a la de sus competidores más grandes (estamos hablando de una fábrica de menos de 1 millón de hectolitros). Ahí está su “cerveza de bodega”, un producto que se envía a cervecerías que la sirven directamente de tanques, o la plantación de lúpulo que visitamos hace unas semanas y que protagoniza un artículo de nuestro próximo número, que sale a la venta hoy.
Desde 2006, ese lúpulo gallego se destina exclusivamente a la producción de la Estrella de Navidad, una cerveza creada para estas fechas modificando ligeramente la receta de la Estrella Galicia de todos los días.
En los primeros años de la existencia de este producto, la gran novedad vino del uso exclusivo de malta de cebada. Aún sin perder el inconfundible perfil de Estrella y su amargor característico (es una de las cervezas más lupulizadas de España), la ausencia de maíz la convertía en una cerveza mucho más centroeuropea.
Desgraciadamente, no conservo notas de cata de la Estrella de Navidad anteriores al uso del lúpulo gallego, pero sí desde entonces, y todos los años he notado ligeras variaciones, algo que, por otra parte, era esperable.
La de este año me ha parecido mucho más ligera y amarga, recordándome más a las mejores Premium Pils alemanas de la región del Rhur que a sus hermanas checas o bávaras. Como habrán intuido, estas propiedades la convierten en una excelente cerveza de aperitivo.
Estas características, aún pendientes de matizar en posteriores catas, no son las únicas variaciones de un producto que continúa comercializándose en packs de seis en cadenas de alimentación. Envasada en una botella con etiquetas adhesivas transparentes numeradas, imitando a los viejos serigrafiados, la gran novedad es su sistema de apertura.
La clásica chapa ha dejado paso al Maxi Crown, un tapón de metal con anilla plástica que abre la botella con mucha facilidad. , sistema que la empresa gallega ha comenzado a utilizar en su agua Cabreiroá.
No tengo dudas de que me gusta Estrella de Navidad. Incluso quizás sea la cerveza más redonda de la fábrica coruñesa. Lo que no tengo tan claro es que me convenza su sistema de apertura.
Pero claro, como dice alguno de mis colegas, en otros tiempos yo pediría la excomunión de los que se aventurasen a dejar el tapón de corcho. La edad lo convierte a uno en un conservador (si antes ya no lo era).