Archivo del 12 de Mayo de 2009

Anillos de compromiso, o (por fin) jarras propias en Bavaria

Martes, 12 de Mayo de 2009

pintasSeguramente algún día os hablaré de lo que ha representado la Cervecería Bavaria en nuestras vidas. Hoy sólo os diré que en ningún lugar hemos vivido momentos tan reseñables (excepcionalmente buenos y desgraciadamente  muy, muy, muy malos) como en esta cervecería viguesa con más de una década en sus espaldas.

Podemos presumir de pertenecer a ese  irreductible grupo de clientes fieles desde su apertura, pero nos faltaba firmar el compromiso. En Bavaria, probablemente, uno de los ritos iniciáticos más importantes sea poseer jarra propia. Estoy casi seguro de que el derecho nos lo ganamos hace más de un lustro (al mismo tiempo que el privilegio de tener mesa propia), pero nosotros le concedimos al orgullo de tener un gancho con nuestros nombres una importancia capital.

Tras recorrer las cervecerías de medio mundo comprobamos como en aquellos lugares que realmente tenían personalidad, los parroquianos usaban un recipiente propio. El irrepetible In de Wildeman de Ámsterdam o el orgulloso U Pinkasu de Praga (los dos con mueble con candado para las jarras) serían probablemente los ejemplos que más nos han impactado.

Consumidores habituales como somos  de la Ale de la casa, la única opción posible era una clásica pewter tankard (jarra de metal) con capacidad para una pinta. La búsqueda por el Reino Unido del pasado verano se mostró infructuosa. Sí, en York encontramos alguna que nos convencía, pero la aleación usada se nos antojaba demasiado ligera y carente de la prestancia necesaria.

La persecución culminó hace unas semanas en Irlanda. Nuestras recién estrenadas tankards (bautizadas con la versión de exportación de esa maravilla de Ale lupulizada con Cascade que es Canterbury Jack, de Shepherd Neame) nacieron en la factoría de Mulligar, un pequeño taller de fundición abierto en 1974 en el que se recupera una tradición irlandesa con más de 800 años de antiguedad.

Mulligar Pewter presenta  cada uno de sus productos como el trabajo de irlandeses que han recibido la formación para forjar piezas de metal. Nosotros, que creemos en un mundo sin fronteras -pero con idiosincrasias y productos regionales- brindaremos por ellos cada vez que usemos sus obras. Lo hacemos en nuestro local favorito con la cerveza que en este momento más placer nos causa.